Por qué?

Existen numerosos filósofos, pedagogos y psiquiatras que proponen diferentes modelos de educación, porque ellos reconocen que el modelo actual no funciona.

El currículo está estandarizado, así como las evaluaciones. Los planes de estudio se equivocan a la hora de valorar la educación en el sentido local, que es la referencia fundamental de la cual se generan aprendizajes significativos.

Hilda Taba decía que para desarrollar un programa educativo apropiado se necesita un estudio profundo de la cultura  en la que actúa la educación, así como un esfuerzo sostenido para poner en movimiento los recursos de las ciencias sociales y trasladar todo lo que se aprende sobre la sociedad o la cultura a la política educacional.

“Las habilidades de razonamiento no tienen porqué sólo desarrollarse a través de asignaturas requeridas intelectualmente como la física, las matemáticas, los idiomas, etc.. El pensamiento abstracto es una habilidad que puede ser desarrollada por todos los estudiantes y no sólo por niños dotados y brillantes. El programa escolar debe ser un “plan de aprendizaje” que represente una “totalidad orgánica” y no con estructura fragmentada, que tenga bases sólidas y válidas (teorías). Los responsables de la política educacional de hoy encaran complejos asuntos y uno de ellos es la preparación de los estudiantes para convertirlos en ciudadanos conscientes y productivos, y que contribuyan a la economía del país”. Hilda Taba

Rudolf Steiner, creador del método Waldorf,  plantea que la educación escolar completa debe esforzar aparte de habilidades intelectual-cognitivo las habilidades artísticas-creativas y técnicas-prácticas. Desde entonces han existido numerosos pensadores que han aportado desde el constructivismo o la epistemología, a la forma en que se concibe la educación. El modelo actual que se encuentra inserto en las políticas públicas de la mayoría de las países no ha tomado en cuenta dichos aportes y siguen con las concepciones tradicionales, como la medición del CI, la importancia de las matemáticas y las ciencias. El error que comenten muchos políticos es creer que la mejor manera de afrontar el futuro de la educación es mejorar lo que se hizo en el pasado.

Muchos países de la OCDE tienen que lidiar con gran aumento del número degraduados de universidad. Esto causa un aumento en el porcentaje de profesionales graduados, lo que hace que el mercado aún más competitivo.

En el pasado un título universitario era una garantía de conseguir un buen trabajo, sin embargo hoy en día no significa nada. Los títulos de la Universidad se han depreciado tanto, que hoy un título universitario no es suficiente, exige además un título de postgrado, un doctorado y quizás hasta el grado de postdoctorado.

América Latina todavía cuenta con un sistema educativo que fue traído de Europa hace 200 años, y que desde aquel tiempo se mantiene igual. El sistema ya está probado que no es eficaz en el fortalecimiento de la educación sobre la ciudadanía, la reducción de la pobreza y la desigualdad.

Según el informe de la UNESCO 2009, en Latinoamérica y el caribe sólo el 11% de los estudiantes de secundaria opta por la formación técnico-profesional. Los programas de enseñanza profesional han padecido las consecuencias de una financiación escasa, una planificación insuficiente y una vinculación endeble con el mercado de trabajo, lo que impacta en su calidad y los hace poco atractivos para los jóvenes.

Los defectos del sistema educativo en la región incluyen dramáticas diferencias según segmentos socioeconómicos, y es aquí donde se alcanzan las mayores diferencias con países pertenecientes a la OCDE. La educación en Latinoamérica todavía es un bien a los que pueden acceder aquellos con mejor situación económica. La educación básica de las escuelas públicas tiene tal diferencia con las privadas que hace que ir a la universidad sea sólo un sueño en ciertos grupos. Según los datos de la CEPAL (2010), el 80% de los estudiantes provenientes de los sectores de más altos ingresos terminan la secundaria, en comparación con el 20% de los provenientes de los sectores de más bajos ingresos. Las diferencias son muy marcadas al interior de los países, en detrimento de los alumnos pobres, de los provenientes de zonas rurales y de los indígenas o afrodescendientes.

Como resultado de esta desigualdad hay un aumento de la pobreza y en el desempleo. La frustración por las escasas oportunidades pueden tener diversas consecuencias, una de ellas podría ser la violencia.

Un continente que quiere transformar su pobreza, ser competitivo económicamente, que aún vive confiado en sus recursos naturales e invierte poco dinero en educación podría encontrarse en problemas aún mayores sino hace nada por revertir la situación.

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